Documento base


A construir el instrumento político para la liberación de l@s trabajador@s y el pueblo

Las reformas neoliberales, la pobreza, la inseguridad, la destrucción ambiental y la entrega del país a los potentados nativos y extranjeros, no se detendrán si no echamos del gobierno y el poder a los responsables de la catástrofe que padecemos.
Conscientes de tal situación, desde nosotros, herederos de quienes resistieron la conquista española, las invasiones europeas y yanquis; desde los descendientes de las mujeres y los hombres que marcharon con Cuitlahuac, Cuauhtémoc, Canek, Hidalgo, Leona Vicario, Josefa Ortiz, Morelos, Guerrero, Álvarez, Juárez, Magón, Carmen Serdán, Villa y Zapata; desde el movimiento social de los trabajadores, de las comunidades migrantes y los pueblos originarios, y de la mano con las ciudadanas y los ciudadanos que así lo decidan, vamos a conformar una fuerza política que organice la lucha por echar del gobierno y el poder político, económico y social a los grandes burgueses, a sus partidos y sus socios imperialistas que saquean nuestros territorios y explotan y humillan a nuestro pueblo.

Desde ahí, los abajo firmantes convocamos a formar un movimiento político de naturaleza partidaria que apuesta a un cambio pacífico, en el marco de los derechos que nos reconoce el Artículo 39 Constitucional y en el contexto de las tradiciones forjadas en las guerras por la Independencia y la Revolución Mexicana. Queremos un cambio que haga posible la restitución de la legalidad constitucional, la recuperación de las fuerzas productivas de la nación y la liquidación del régimen oligárquico, a fin de garantizar la democracia desde el pueblo, la soberanía nacional, la justicia y la libertad.

¡Abajo el mal gobierno! ¡Cerremos el paso a la implantación de la dictadura civil!

El gobierno de Felipe Calderón nació de un fraude electoral, de un golpe de estado técnico en el que se confabularon el Tribunal Federal Electoral, el Poder Legislativo, el Poder Judicial, un sector de las fuerzas armadas, la oligarquía mexicana, la Casa Blanca y las empresas extranjeras.
La instalación del gobierno del fraude aceleró los planes de implantación de la dictadura civil en nuestro país. Actualmente los usurpadores gobiernan al margen y en contra de la Constitución. El estado de derecho prácticamente ha sido suprimido, ninguno de los poderes públicos se rige conforme a la Ley. Las garantías de los pueblos originarios y los derechos humanos son pisoteados. En fin, bajo la usurpación se fomenta la violencia, el caos, la inseguridad y el desorden público.
Los bienes de la nación son asaltados y repartidos entre los cómplices de Felipe Calderón. Petróleo, electricidad, minas, redes de fibra óptica, obras públicas, agua, gas, minas, bancos, comercio, tierras, centros ceremoniales milenarios, playas, fondos de pensión, presupuestos educativos, biodiversidad y todo aquello que pueda dejar alguna ganancia ha sido saqueado a través de procesos de privatización ilegales, contraviniendo los Artículos 3º, 27º, 28º y 123º de la Constitución.
El usurpador es socio y empleado de oligarcas, políticos y empresas trasnacionales como Iberdrola, Repsol, Halliburton, Scotiabank, Goldcorp Inc., Carlos Slim, Emilio Azcárraga, Salinas Pliego, Germán Larrea, Lorenzo Servitje, Asunción Aramburozabala, Carlos Salinas de Gortari, Diego Fernández de Ceballos, Elba Esther Gordillo y otros de la misma calaña.
Es el principal ejecutor de la guerra declarada por la Casa Blanca contra sectores de la delincuencia organizada que no dependen directamente del Departamento de Estado, la CIA y el Pentágono. Esta guerra persigue, entre otros objetivos: la militarización del territorio mexicano y la conversión de las fuerzas armadas nacionales en fuerzas de ocupación extranjera; la legitimación y legalización de la injerencia permanente de la policía y los ejércitos estadounidenses en asuntos de seguridad nacional y la disputa por el control de los recursos políticos y económicos derivados de las actividades ilícitas, a fin de financiar y alentar actividades terroristas y desestabilizadoras.
En poco más de 3 años de gobierno usurpador, el panorama es desolador: el número de pobres creció en 10 millones; los ingresos de trabajadores y capas medias disminuyeron en casi un tercio; los nuevos desempleados aumentaron en 3 millones, en tanto 7 o más millones de jóvenes carecen de empleo y de la oportunidad de asistir a la escuela. Al mismo tiempo, las bases naturales, económicas, jurídicas y culturales en que se sustentan las posibilidades de desarrollo nacional continúan involucionando. La dependencia alimentaria, el despojo de los bienes nacionales y la desarticulación sistemática de todo proyecto o propuesta de soberanía económica, política y cultural, nos condenan a vivir en situaciones de pobreza, inseguridad, discriminación y explotación, semejantes a las vividas en épocas de servidumbre y dictadura abierta.
La recuperación económica anunciada por el gobierno no detendrá el crecimiento de la pobreza y el desempleo, mientras tanto los más ricos verán crecer sus fortunas y su impunidad. Incluso, debemos tener en cuenta que la reanimación de la economía será débil y dará paso a un largo periodo de estancamiento de la producción agravando la crisis social y todos los problemas del pueblo y la nación.
En el centro de esta ofensiva se encuentran las conquistas y los más elementales derechos de la clase trabajadora. En su desesperada búsqueda para recuperar y acrecentar sus ganancias, la burguesía ha emprendido una feroz batalla para reducir el salario real, incrementar los ritmos y la jornada de trabajo, precarizando la mano de obra, eliminando los derechos de huelga, jubilación y de sindicalización. Las agresiones a los sindicatos mineros, electricistas, huleros, entre muchos otros, constituye una agresión sin precedentes a la autonomía de las organizaciones sindicales democráticas. La sentencia aprobada por la Suprema Corte de Justicia de la Nación —en respaldo y aprobación del Inconstitucional decreto de extinción de la empresa pública Luz y Fuerza del Centro (LyFC) y del ilegal despido de los 44 mil trabajadores afiliados al Sindicato Mexicano de Electricistas (SME)—, es una de las más bárbaras demostraciones de esta tendencia.
La liberación de los presos de Atenco es la excepción que confirma la regla; que ha sido ratificada por las resoluciones de la Suprema Corte y el poder judicial en los casos de Cananea, la Guardería ABC, y Pasta de Conchos, entre muchos otros.
En esa cruzada antinacional todos los poderes formales, el ejecutivo, el legislativo y el judicial; además de los informales, las jerarquías eclesiásticas y los medios de comunicación masiva están a su completa disposición.
Mientras tanto, el desastre nacional sigue avanzando, los principales grupos oligárquicos ligados al PRI, al PAN y a sus partidos satélites libran una guerra sin cuartel por el botín que representan el erario público y lo que nos queda de patria.
En tal situación, las direcciones políticas de la izquierda liberal progresista y moderada agrupadas en el PRD, PT y Convergencia, han permanecido en el ámbito puramente electoral, esperando cada 3 o 6 años, según sea el caso, para disputar el gobierno. Su lejanía de las luchas del pueblo es mayúscula. Enredados en las disputas palaciegas, atrapados en sus altos salarios y prebendas han tendido, en la mayoría de los casos, a convertirse en comparsas del régimen oligárquico olvidándose del pueblo, de sus necesidades y penurias.
A tal grado llega su extravío que pactan alianzas con los traidores a la patria, con los enemigos de los trabajadores, con los asesinos del pueblo, con priístas, panistas, verdes o elbistas. Tan sólo sea para ocupar un puesto o espacio dentro del régimen, pretextando luchas contra cacicazgos malos o, de modo más perverso aún, sugiriendo que las alianzas con el PAN y Calderón persiguen evitar la restauración del autoritarismo. Lo cual supone que México ya transitó a la democracia, que ya no existe el régimen oligárquico y, lo más descabellado, que los gobiernos panistas son respetuosos de la ley, tolerantes y hasta democráticos. Cuando en realidad las diferencias entre los partidos de la oligarquía sólo son de grado: entre quienes son los más bandidos, los más sanguinarios, los más racistas, los más explotadores, los más traidores a la patria, los más serviles al imperialismo y a las trasnacionales.
Por si fuera poco, a los problemas de la nación debemos sumar los del mundo. Nuestro país ocupa un lugar central en las estrategias de poder del principal imperio del planeta. Sus planes de ocupación y saqueo de nuestro territorio, se conectan con iniciativas de cerco militar y económico a la revolución bolivariana y cubana; con la cooptación de los gobiernos nacionalistas y socialistas de Latinoamérica y el Caribe, para detener el ALBA y otros proyectos de integración que limitan la influencia estadounidense. Así, la Alianza para la Seguridad y la Prosperidad de América del Norte, la Iniciativa Mérida, el Plan Colombia, las bases militares en Centro y Sudamérica, la invasión de los territorios palestinos, de Irak, Afganistán y Paquistán, y la que preparan en contra de Irán y Corea del Norte, son parte de un mismo plan de control y saqueo de bienes naturales y explotación de los pueblos.
Violación sistemática de las libertades democráticas, recolonización de nuestros territorios y crisis económica se conjugan en el régimen oligárquico; en la dominación de 30 familias asociadas al imperio yanqui y las trasnacionales europeas y asiáticas. Esas familias junto a sus socios extranjeros constituyen el enemigo principal del pueblo de México, de sus comunidades y pueblos originarios. Desalojarlos de la conducción de la economía y del estado es la única posibilidad que tenemos de revertir el desastre neoliberal; de recuperar una parte de lo robado, de restituir la legalidad constitucional y de solucionar las necesidades de los trabajadores del campo y la ciudad; de los pueblos y nacionalidades indígenas, de los pequeños y medianos empresarios, de las mujeres.

¡Construyamos el instrumento de lucha política de los movimientos sociales y del pueblo de México!

El creciente autoritarismo, la imposibilidad de resolver los conflictos sociales a través de los mecanismos institucionales, la perversión del sistema partidista, la inexistencia de una organización política representativa del pueblo, hacen indispensable que los mexicanos pasen de las luchas inmediatas y sectoriales a la lucha política abierta organizando una nueva fuerza política basada directamente en los movimientos sociales, en las comunidades y en los ciudadanos y ciudadanas, sin falsos representantes de por medio. Con un proyecto democrático nacional de perfiles clasistas y populares, consecuente y congruente, para desde ahora, sin esperar a los “tiempos políticos” que el propio sistema marca, combatir con efectividad al régimen dictatorial y sus comparsas.
Nada de lo antes señalado puede hacerse realidad si no vamos construyendo la condiciones del transito de la resistencia civil pacifica a la desobediencia civil y política. No podremos avanzar en nuestros objetivos sin la organización de la desobediencia a las resoluciones tomadas por la Suprema Corte y los demás poderes públicos. Sin desobediencia activa sin resistencia a la dictadura en marcha no podremos restituir la Legalidad Constitucional que, en entre otras cosas presupone: la recuperación irrestricta de la Industria Energética Nacionalizada; la puesta en marcha de políticas que garanticen la soberanía alimentaria y la justicia social en el campo; una agresiva defensa del medio ambiente y de lucha en contra del cambio climático; el cabal respeto a los derechos y culturas de los pueblos y naciones originarias; la aplicación plena del derecho a la Educación Pública, Gratuita y Laica; el ejercicio franco de la totalidad de nuestros derechos laborales; el goce de nuestro Patrimonio Cultural y Arqueológico; al desarrollo amplio de la Investigación Científica y Tecnológica; el derecho a la vivienda amplia, digna, higiénica, en un entorno democrático y de convivencia social; el ejercicio pleno de los Derechos Políticos y Libertades Democráticas; el retorno inmediato del ejército a sus cuarteles y el castigo ejemplar a los torturadores y violadores de derechos humanos.
Nuestro movimiento se propone participar directamente en las trincheras donde se libran las batallas por las reivindicaciones económicas, sociales y democráticas inmediatas de la gente, de los trabajadores, campesinos, estudiantes, mujeres, indígenas y pobladores, con el objetivo de contribuir a la unidad contra el enemigo principal. Para tal fin, es necesario destacar las reivindicaciones históricas nacionales, democráticas y sociales, sin menoscabo de las demandas particulares. Sólo de esta manera podremos enterrar la calamidad neoliberal que azota al país desde hace décadas y construir una sociedad con justicia, democracia y libertad; un poder social basado en la organización y la participación democrática de la gran mayoría de la sociedad.
Así es como pensamos extender la lucha del pueblo a todos los ámbitos de la vida económica, cultural y política. Arrebatarles las instancias de decisión y revolucionarlas. Con esos objetivos de por medio participaremos en las luchas gremiales, comunitarias, de jóvenes y mujeres; en las luchas electorales, en la defensa de los derechos humanos, de la madre tierra, de sus fuentes de agua y el aire, procurando ser fieles a las causas más sagradas de los mexicanos.
Estamos convencidos que la lucha por el nuevo gobierno y el nuevo poder presupone el impulso decidido a la organización y movilización de todos los pueblos, comunidades, organizaciones locales y regionales, sindicales, sociales y políticas, por más modestas que éstas puedan ser o parecer, para la construcción de un Congreso Social que pueda avanzar hacia un Nuevo Constituyente; es decir, hacia una nueva representación nacional popular que sea la expresión del el bloque social, de la nueva mayoría que desplazará a los neoliberales.
A partir de esos procesos es como verdaderamente se construirá el poder popular y social que habrán de reemplazar al viejo y anacrónico régimen político de las elites oligárquicas.
De esta manera, en la primera etapa de construcción de nuestra fuerza política haremos énfasis en los aspectos del programa que tienen que ver con la naturaleza de la crisis histórica que vivimos y con las alternativas que ofrecemos para enfrentar el desastre nacional y el drama social que padecemos. Todos los componentes de nuestra plataforma democrático-nacional serán enfatizados desde el cuestionamiento al sistema capitalista y las nuevas formas de colonialismo que ha engendrado. En ese contexto asumiremos nuestras tareas internacionalistas, de hermanamiento con los pueblos de Nuestra América y con las clases trabajadoras y los pueblos del mundo.
En fin, aspiramos a ser uno de los espacios donde todas las expresiones de la lucha social se encuentren y adquieran la forma de insurgencia civil y popular. Deseamos ser un lugar de anticipación del nuevo proyecto de nación que hace de la lucha por la democracia popular, la justicia social, la soberanía nacional, la liberación nacional y el socialismo su compromiso cotidiano.

Perfil de la nueva fuerza política

Queremos ser vistos como una fuerza política de naturaleza partidaria radicalmente diferente a los partidos institucionales. Una organización de izquierda novedosa, en contrapunto de la descompuesta clase política y la “izquierda” decadente y de componendas, con arrastre en la sociedad civil en general, en la opinión pública y, sobre todo y ante todo, entre los de abajo.
Proyectamos un movimiento político autónomo, con vida y dirección propia, independiente de los partidos y agencias del régimen oligárquico. Capaz de superar el viejo lastre de la dependencia hacia los caudillos y las formaciones burguesas liberal-progresistas o socialdemócratas. Con las cuales, No obstante, bajo ciertas condiciones y sin renunciar a nuestro proyecto emancipador, haremos alianzas para enfrentar al enemigo principal: la oligarquía y el imperialismo, pero nunca más como clientelas o subalternos, sin programas políticos propios, condicionados por las migajas que suelen ofrecer. En todo momento, haremos patente el derecho de los trabajadores y el pueblo a dirigir la nación y a construir un mundo apegado a sus necesidades y aspiraciones.
Por lo tanto, nuestra fuerza política estará delimitada y definida con claridad en cuanto sus objetivos, sus principios, sus normas, sus protagonistas, su estructura organizativa inicial y el carácter militante de sus miembros. Donde las formas organizativas y sus contenidos culturales y programáticos irán tomando cuerpo con el desarrollo del proyecto, a contracorriente de procedimientos autoritarios. Somos un proceso que pone por delante su proyecto de nación, sus objetivos estratégicos a partir de la realidad actual, ajeno a definiciones ideológicas dogmáticas y comportamientos doctrinarios.
Un movimiento político consecuentemente de izquierda, con base de masas, a escala nacional, con presencia e influencia en todos los órdenes de la vida social, abierto a la más amplia participación popular, sin afanes vanguardistas.
Nuestra fuerza política nace desde los movimientos reales de trabajadores del campo y la ciudad, desde las resistencias cotidianas de ciudadanos y ciudadanas. Se trata, entonces, de un proyecto político que surge de las resistencias ciudadanas y de los movimientos sociales, no corporativo, basado en la integración individual y consciente.
Luchamos por el protagonismo del pueblo, de sus dirigentes obreros, comunitarios y civiles que habrán de convertirse, según Lenin, en “caudillos de la nación”.
Asumimos la necesaria unidad de los objetivos y principios con la práctica política. Para nosotros la dimensión ética es fundamental. En el nuevo proyecto no tienen cabida corruptos, arribistas y trepadores. Se trata de dejar muy claras las bases éticas y la congruencia del proyecto, para prevenir, en la medida de lo posible, desviaciones y el alejamiento de las bases, sus intereses y sus luchas.
Como anticipación de la nueva sociedad que anhelamos, nos proponemos decir la verdad, aunque nos sea adversa; ser honrados; percibir salarios de trabajador cuando se nos encomiende trabajar en un puesto de representación o en alguna actividad política especial; desarrollar el espíritu de servicio y cuidar los bienes de las organizaciones del pueblo y de la nación. El control colectivo de los recursos será riguroso, al igual que la evaluación sistemática de nuestras iniciativas y actividades. La critica y la autocritica irán de la mano del compañerismo y el respeto a los compañeros y compañeras. Las practicas y expresiones sexistas y racistas deberán ser superadas en las filas de nuestro movimiento.
El nuevo movimiento asumirá todas las formas de lucha reconocidas por la Constitución, ya sean extrainstitucionales o institucionales. En todo momento, nuestros métodos y formas de lucha buscaran trascender de forma sistemática los límites del régimen político oligárquico, cuestionando las actuales reglas del juego y sin subordinarse a los aparatos o franquicias políticas.

¿Quiénes convocamos a la fuerza política y cómo se construye?

Somos dirigentes y activistas de la clase trabajadora, de comunidades indígenas y campesinas, de colectivos estudiantiles, de mujeres, de grupos religiosos, de organizaciones civiles, de minorías sexuales y de organizaciones revolucionarias de la izquierda mexicana, entre otras, que aspiramos a construir un nuevo liderazgo político.
La integración de organizaciones de la izquierda revolucionaria no desnaturaliza el perfil de movimiento político basado preferentemente en organizaciones sociales. Para que su integración proceda deberán iniciar un proceso de disolución sin menoscabo de su participación en todo el proceso de organización y elaboración de la línea política general y las normas estatutarias.
Nuestra fuerza política se compondrá de comités de base, sectoriales y territoriales en todo el país: municipios, comunidades, barrios, centros laborales, escuelas, sociedades civiles, cooperativas y ligas deportivas, por mencionar algunos espacios. La práctica del colectivismo será ley tanto en las instancias de base como en los comités regionales, estatales y de conducción nacional, cuyos integrantes serán elegidos por las instancias y asambleas respectivas. La división del trabajo estará asentada en procesos de formación integral de todos los militantes. El desarrollo permanente de las capacidades comunicativas, productivas, administrativas, políticas, físicas, artísticas y culturales será una tarea básica y de la más alta consideración entre nosotros.
La incorporación a la nueva fuerza política será a titulo personal. La militancia es libre e individual. El vínculo con las organizaciones civiles, comunitarias y sociales que apoyan su formación es fundamental, sin que ello implique la subordinación de una instancia a otra. Cada una tiene sus ámbitos de competencia e instancias de decisión específicos.
La fuerza política de los trabajadores y el pueblo es una iniciativa que desata el Sindicato Mexicano de Electricistas, con el respaldo y la participación de otros gremios y organizaciones sociales y políticas. Para la elaboración de los documentos fundacionales y la construcción de las primeras estructuras nacionales, se integrará una comisión promotora nacional, en la que estarán representadas las promotoras estatales. Esta comisión consensuará la ruta y los preparativos para la realización del congreso constitutivo.

Febrero 14, 2011 · admin · 6 comentarios
Categorías: Discusión

6 comentarios en "Documento base"

  1. Andres Ugalde - Marzo 29, 2011 a las 12:36

    Bienvenida tan urgente necesidad de una organizacion combativa,independiente,democratica y clasista. Pero, Como integrarnos los millones de inmigrantes que nos encontramos en los Estados Unidos? somos trabajadores que fuimos expulsados de nuestros lugares de origen por falta de trabajo, represion, etc y que hoy sufrimos una explotacion brutal,racismo,persecucion,etc. Saludos

  2. Organización Socialista de Trabajadores (Sección Mexicana de la IVa Internacional - Abril 15, 2011 a las 12:24

    Contribución a la discusión de la ORGANIZACIÓN POLITICA NACIONAL (OPN) DE LA CLASE TRABAJADORA Y EL PUEBLO.

    1. El llamado del secretario general del Sindicato Mexicano de Electricistas a formar una asociación política nacional de trabajadores, es un salto en la lucha del movimiento obrero y del pueblo mexicano.

    Con ese llamado, se abre la puerta para que la clase trabajadora de la ciudad y el campo tenga una representación política, en momentos en que la unidad y la soberanía de la nación y los derechos y condiciones de vida del pueblo trabajador, son atacados y destruidos por el gobierno ilegitimo de Calderón.

    2. El país vive una situación sin precedente, una situación de urgencia. El imperialismo busca que los trabajadores y los pueblos del continente y del mundo, paguen las consecuencias de la crisis del capital que desde el periodo 2008-2009 ha dado un salto cualitativo.

    En nuestro país, la “guerra del narcotráfico” del gobierno de Calderón (en el marco del Plan Mérida y del ASPAN), dirigida por el imperialismo estadunidense, multiplica la violencia y el caos.

    34 mil muertos en cuatro años y medio. De 400 a 800 municipios controlados por el narcotráfico. Importantes ciudades como Juárez y Monterrey, viven en la zozobra. Jóvenes y mujeres están en la mira de las bandas. El negocio de la droga alimenta a los traficantes de armas, a la banca extranjera y a las mafias y oligarcas nativos.

    La política de privatizaciones, desregulación y tratados de “libre comercio” (sobre todo el TLCAN), aplicada por los gobiernos priistas desde de la Madrid y Salinas, destruye sectores de la industria, desmantela al campo, multiplica el desempleo y la migración hacia EU, amplía el espacio para la economía de la droga.

    Junto con la guerra del narcotráfico, el régimen del PRI-PAN emprende la “guerra” contra los derechos y condiciones de vida y trabajo de la clase obrera, y entrega las empresas y recursos de la nación al capital imperialista.

    Con justa razón el “documento base” presentado a quienes participamos en la creación de la OPN, dice: “la lucha que emprendemos al formar una fuerza política de clase es con el objetivo de ayudar al pueblo mexicano a echar del gobierno y el poder político a la oligarquía, sus partidos y sus “socios” imperialistas que saquean nuestro territorio y explotan a nuestro pueblo”.

    3. La OPN que estamos construyendo, debe tener como perspectiva política ayudar al pueblo mexicano a “echar del gobierno y el poder político a la oligarquía, sus partidos y sus socios imperialistas”.

    La orientación que nos trazamos en la OPN plantea una pregunta: ¿Qué perspectiva política ofrecemos a la clase trabajadora y al pueblo?

    Los documentos que se han elaborado, abordan elementos de respuesta, pero nos parece necesario condensarlos en la perspectiva de luchar por el Congreso nacional constituyente soberano.

    La soberanía, como todos sabemos y aceptamos, radica en el pueblo. La mayoría debe decidir. Necesitamos un Congreso nacional constituyente soberano para crear instituciones democráticas cuya forma y contenido sean decididos por el pueblo.

    Como dice el “documento base”, en el marco de los “mecanismos institucionales”, no es posible resolver las demandas sociales.

    11 magistrados dan “validez” al decreto del gobierno que pone en la calle a 44 mil electricistas y niega el contrato colectivo de trabajo.

    El poder ejecutivo tiene derecho de veto y gobierna mediante decretos. El poder ejecutivo firma el TLCAN como un tratado por encima de las leyes y normas nacionales, que entrega el país al capital imperialista.

    Las cámaras legislativas con el concurso de todos los partidos, aceptan las contrarreformas de 2008 en materia petrolera, contra el sentir de la inmensa mayoría de la población.

    Todos los partidos registrados giran en torno a las mismas políticas. Como nación y como clase trabajadora, nos enfrentamos a un gobierno proimperialista y a instituciones de gobierno antidemocráticas.

    Como dice el documento base” que estamos discutiendo, “las direcciones políticas (…) agrupadas en el PRD, PT y Convergencia, han permanecido en el ámbito puramente electoral (…). Su lejanía de las luchas del pueblo es mayúscula (…). Han tendido a convertirse en comparsas del régimen oligárquico, olvidándose del pueblo, de sus necesidades y penurias”. Estos partidos aceptan la existencia del régimen entreguista.

    Si, desde la Organización Política Nacional, “fuerza política partidaria radicalmente diferente a los partidos institucionales”, debemos ofrecer como perspectiva, desde ahora, la lucha por la democracia política, el respeto a la soberanía del pueblo y a la soberanía de la nación, la lucha por un Congreso nacional constituyente y soberano, y un gobierno responsable ante ese congreso.

    “La concreción de un Nuevo Constituyente –dice la convocatoria al congreso social , deberá ser el punto de llegada de un profundo y extenso proceso de organización y movilización (…)”.

    Para dar toda la dimensión política y democrática a ese “proceso de organización y movilización”, nuestra OPN debe enarbolar desde ahora la bandera de “un congreso constituyente para…”.

    Un Congreso constituyente para restaurar plenamente la soberanía nacional abrogando los tratados de “libre comercio”, en primer lugar el TLCAN y los planes de sujeción policiaca al imperio como, el Plan Mérida-ASPAN.

    Un congreso constituyente para anular la deuda pública que el pueblo ni contrata ni disfruta, pero que paga con creces

    Un congreso nacional constituyente para renacionalizar las empresas fundamentales del país (bancos, electricidad, ferrocarriles, minas, petróleo,…).

    Un Congreso nacional constituyente soberano para elaborar una nueva constitución acorde con los intereses del campesinado, de la clase trabajadora, de la juventud, de los jubilados y de todos los sectores oprimidos, que mantenga los derechos sociales logrados por la revolución de 1910.

    Esta lucha nos permitirá enraizarnos en las luchas de nuestro pueblo, y al mismo tiempo, ayudaremos a la clase trabajadora a organizarse y a mostrarse como la única clase social capaz de defender consecuentemente a la nación y a los derechos del pueblo trabajador.

    4. Construir la OPN exige además de una perspectiva política de poder, una política de ayuda cotidiana a los trabajadores y al pueblo en la lucha por sus demandas inmediatas y urgentes.

    La política contra la nación que desarrolla el régimen lleva a una brutal explotación y opresión de la fuerza de trabajo.

    En el terreno de los salarios, según informe de la OIT, “la participación de los salarios en el ingreso total se desplomó 9.6 puntos porcentuales en términos reales (…), al pasar de 39.5 por ciento entre 1980 y 1985, a 29.9 por ciento en el lapso 2004-2007”.

    En el gobierno de Calderón, la política de aumentos permanentes de los precios de los energéticos y de manos libres a los especuladores, refuerza esa tendencia.

    Además, pende sobre la población la amenaza de una nueva crisis mundial de alimentos que tendrá un fuerte impacto en el país.

    La guerra contra los trabajadores y el pueblo se concentra en este momento, en el intento de imponer la contrarreforma laboral.

    Con esa reforma, el régimen quiere destruir el derecho a la contratación colectiva y a la asociación sindical, quiere la desregulación total de las relaciones laborales para imponer un salvaje aumento de la explotación de la clase trabajadora y una mayor miseria de la población.

    ¡Concordamos con el compañero Martín Esparza que en el mitin del sábado 19 de febrero, llamó a rechazar las iniciativas de contrarreforma laboral que han presentado los partidos PRI, PAN y PRD con el apoyo de los demás partidos institucionales!

    ¡Es urgente que la OPN que estamos forjando, luche por la unidad de los trabajadores y sus organizaciones!

    ¡Es urgente que luchemos por la unidad levantando las demandas unitarias de: retiro de la contrarreforma laboral, y la solución a las demandas más urgentes: reinstalación de los despedidos, en primer lugar, de los trabajadores electricistas, aumento salarial de urgencia, abrogación de la contrarreforma de la ley general de educación que promueve la privatización de la escuela pública y la intervención del clero y los patrones en el sistema público!

    Sí, luchemos porque los movimientos de los trabajadores y del pueblo unifiquen su acción en la solución de sus demandas concretas, tomará cuerpo la perspectiva de poder, la construcción de un Congreso nacional constituyente soberana, y un gobierno responsable ante ese congreso.

    Organización Socialista de Trabajadores (Sección Mexicana de la IVa Internacional), editora del periódico El trabajo.
    Ciudad de México, 6 de marzo de 2011.

  3. Diego Alejandro Talavera Bolaños - Abril 22, 2011 a las 19:59

    Me parece una propuesta interesante y cuenten conmigo, ya basta de este estúpido neo-liberalismo

  4. MARCO ARTURO CALDERAS OSORIO - Abril 25, 2011 a las 19:39

    La propuesta es valida, me sumo a ella y quiero externar algunos elementos relacionados con el diagnostico de la situacion del pais y plantear una accion directa no violenta:
    Si bien es cierto que el sistema neoimperial articula sus tentaculos de manera similar en todo el mundo, en nuestro pais habria que dilucidar la forma o el modelo en como llevan a cabo LA GUERRA DE EXTERMINO A LA HUMANIDAD.
    En principio la supuesta guerra en contra del narcotrafico es una forma mediatica no solo de legimar en el poder a Calderon sino de generar miedo, terror y shock psicologico en contra de la sociedaD. Al desintegrar el tejido social se desarticula no solo la capacidad de organizacion en la defensa de fuentes de trabajo y recursos, sino de lo mas elemental la capacidad de inegracion como individuo con uno y con los otros similares de ser mexicano, se pierde la esencia de la historia, de la cultura, de la tradiciones de la dignidad en base a los simbolos de la Nacion
    La confusion y el degajamiento social emergen como fantasmas en lo social mexicano: ¿ a alguien le enseñaron que el aguila y la serpiente en la bandera mexicana son simbolos de guerra y uno de ellos es un criminal? ¿Miguel Hidalgo es un ser de carne y HUESOS cuya vida fue de viejas e hijos o en realidad es el simbolo que detona la INDEPENDENCIA ?, si, es en base a una estratergia planeada en Washigton que integra un manual de destruccion social ¿el simbolo de Luz y Fuerza el del SME que significan? en la runas celtas es el simbolo sagrado mas importante que puede unir a una comunidad, ya los mayas manejaban estos simbolos. Para Calderon y las empresas ligadas a la ursurpacion de la energia electrica como un bien de la Nacion les es muy importante destruir o anular este simbolo.
    Una Nacion se articula, se integra y se defiende en base a simbolos, la forma en como Calderon a denigrado a la bandera se llama traiciona a la Patria.
    La forma en como Calderon desarrolla la guerra de exterminio en este pais difiere a otros paises de la siguiente manera, el ejercito norteamericano preparo e integro a su equipo de espionaje e inteligencia militar a un grupo de 136 miembros de grupos especiales del ejercito y la armada mexicana, al regresar a nuestro pais supuestamente se vuelven criminales y comienza el show. la variante mexicana no solo se secuestra, degolla, encostala, tambien se recluta por seduccion o por a la fuerza, se entrena miltarmente a estos reclutados (sicarios)y abiertamente frente a la sociedad se enfrentan con el ejercito o entre grupo criminales.Por otro lado lentamente en silencio van acabando con el potencial de migrantes, de todo tipo, no importa nacion, EEUU ya no puede su economia esta destruida. Es decir esta guerra es algo creado perversamente por los Coporativos de la armas como Lockhed-Martin, Boing, Northongruman etc.
    Un sector importante de la clase politica mexicana esta involucrada al igual que la clase empresarial (Consejo Coordinador Empresarial).
    En este sentido tiene sentido el fraude electoral del 2006,y obvio se prepara el del 2012, el IFE Y el Tribunal electoral, que deberian ser responsables de la voz ciudadna son en realidad el lugar de componendas partidarias de la burguesia.
    La propuesta de Desebediencia Civil es desconocer al IFE como representante de la ciudadania y por medio de las movilizaciones y de la accion directa no violenta clausurar sistematicamente la oficinas del IFE, convocar a la ciudadania a la conformacion de verdaderos representantes populares para la elecciones del 2012, y como en Argentina con el lema de QUE SE VAYAN TODOS, si no son capaces de instrumentar fuentes de trabajo,QUE SE VAYAN TODOS, sino son capaces de distribuir la riqueza de la Nacion al no cobrar impuestos a los empresarios QUE SE VAYAN TODOS.

  5. ma del socorro montelongo chavez - Abril 29, 2011 a las 10:15

    Mi sueño es vivir en un país libre y democrático, y me he identificado con su lucha, porqué es justa, pero si existieran acuerdos con el PRI, dejaría de participar y me sentiría defraudada, pues he tratado dentro de mis posibilidades tener informada a la gente de sus ideales. Aquí en Coahuila las cosas están muy difíciles pero habemos gente que piensa como ustedes. Adelante

  6. jose david buenfil quiroz - Diciembre 26, 2012 a las 16:10

    avancemos pues en la libertad social de un “nuevo proyecto de republica”
    siempre con el sme.

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